El creciente compromiso de China en Oriente Medio, agravado por la reciente escalada del conflicto en Gaza, ha atraído una atención global significativa y especulación. Tradicionalmente, la estrategia regional de Beijing se ha centrado en asegurar intereses económicos y energéticos a largo plazo: garantizar el acceso a recursos energéticos vitales, salvaguardar importantes corredores comerciales internacionales e invertir ampliamente en infraestructura, tecnología y sectores energéticos en el Golfo Pérsico, en particular.
Sin embargo, a pesar de estas imperativas estratégicas, China continúa persiguiendo un enfoque deliberadamente ambivalente y multidimensional hacia actores regionales clave, especialmente Irán e Israel. Esta postura cuidadosamente calibrada refleja cambios geopolíticos más amplios, la erosión de la hegemonía estadounidense y, sobre todo, la creciente inestabilidad en todo Oriente Medio, desarrollos que amenazan cada vez más tanto el equilibrio regional como la seguridad económica de China.
Energía e intereses estratégicos
La seguridad energética es un pilar central de la perspectiva estratégica de China. Como el mayor importador de petróleo del mundo, China actualmente obtiene alrededor del 40% de su petróleo de Oriente Medio, una cifra que se espera que se duplique para 2035. Esta fuerte dependencia expone a Beijing a vulnerabilidades agudas en caso de que conflictos o inestabilidades interrumpan puntos críticos de paso marítimo como el Mar Rojo y el Estrecho de Hormuz. Estas rutas estratégicas también representan aproximadamente el 60% del comercio de China con Europa y África, amplificando aún más las apuestas de la volatilidad regional.
Más allá de la energía, la presencia económica más amplia de China en la región, particularmente a través de la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI, por sus siglas en inglés), enfrenta riesgos crecientes. Arabia Saudita, el mayor socio comercial de China en la región, ejemplifica esta interdependencia acelerada: su comercio bilateral alcanzó los $107.53 mil millones en 2024, subrayando el rápido fortalecimiento de sus lazos económicos.
Navegando rivalidades regionales
Junto con su búsqueda de socavar la influencia regional estadounidense y afirmarse como una potencia global estabilizadora, Beijing, conocida durante mucho tiempo por su enfoque cauteloso y natural, ha adoptado recientemente una postura más pragmática y proactiva en la arena diplomática. Este cambio refleja un acto de equilibrio delicado y la adaptación de una estrategia flexible y bien calibrada, con el objetivo de maximizar el valor derivado de diversas asociaciones estratégicas mientras evita cuidadosamente alienar a ningún estado en particular o favorecer a uno sobre otro.
El sofisticado manejo de China entre actores rivales e intereses regionales competidores, ejemplificado por su cooperación simultánea con Arabia Saudita, cuyo Príncipe Heredero tiene una visión ambiciosa a nivel global, "Visión 2030", la cual avanza en paralelo con la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI) de China. Esto ocurre a pesar de sus lazos profundos con Irán y su oposición a su programa nuclear, mientras lidera esfuerzos diplomáticos y negociaciones tanto con Estados Unidos como con líderes árabes, con el objetivo de promover un alto el fuego y prevenir una mayor escalada de seguridad en Medio Oriente.
Además, China hace una clara distinción entre la retórica declarativa y la conducta operativa, así como entre confrontaciones políticas e intereses sistémicos más amplios. Estas distinciones le permiten mantener el principio de no intervención, evitando la participación política o militar directa, al mismo tiempo que continúa liderando un discurso crítico que incluye una fuerte condena a Israel y sus políticas militares, junto con un apoyo consistente, por otro lado, a las posiciones palestinas e iraníes.
El conflicto Israel-Irán: un punto crítico de inflexión
Sin embargo, un análisis más detenido revela que la reciente confrontación directa entre Irán e Israel, que estalló en junio, junto con los ataques militares de Estados Unidos a sitios nucleares iraníes, ha desencadenado un cambio significativo en la percepción de China sobre ambos actores. Este cambio ya está desafiando su postura neutral previa, poniendo a prueba sus relaciones con los estados regionales y su capacidad para navegar entre ellos. Además, este desarrollo aumenta la dependencia de China de los poderes petroleros, intensificando su necesidad de diversificar fuentes de energía y rutas comerciales y de suministro alternativas, incluyendo compromisos diversificados con los estados de Asia Central.
Junto con su compromiso de invertir aproximadamente $400 mil millones en el desarrollo de infraestructura crítica en Irán, incluida la creación de corredores logísticos y el fortalecimiento de la cooperación en seguridad y económica como parte del proyecto BRI, Pekín está cultivando al mismo tiempo asociaciones económicas y estratégicas con Israel, principalmente en los campos de alta tecnología, innovación y ciencia.
Informes recientes indican que el volumen de comercio bilateral entre China e Israel alcanzó los $16.27 mil millones en 2024, en comparación con los $14.56 mil millones en 2023. Además, en mayo de este año, las exportaciones chinas a Israel sumaron $1.45 mil millones, mientras que las importaciones desde Israel alcanzaron los $1.7 mil millones, cifras que reflejan la creciente importancia de Israel en los cálculos de Beijing.
Además, junto con los esfuerzos por restaurar las capacidades militares de Irán y renovar sus sistemas de misiles dañados durante los ataques israelíes y estadounidenses, China, habiendo adoptado por primera vez una postura relativamente moderada y conciliadora hacia Israel, dirigió al mismo tiempo duras críticas a la dirigencia iraní, acusándola de dogmatismo ideológico y adherencia a una posición política extrema.
Desde la perspectiva de Beijing, el conflicto con Israel ha demostrado que Irán, significativamente debilitado, ya no está a la altura de los desarrollos globales, y que el llamado "Eje de Resistencia", que incluye la red de representantes a lo largo de Oriente Medio que ha cultivado a lo largo de los años, se está fracturando gradualmente. Incluso destacados académicos chinos han sugerido que el régimen del Ayatolá, actualmente percibido como al borde del colapso, ya no sirve a los intereses estratégicos del liderazgo de China en la región.
Ajustes estratégicos
Recientemente, las voces en Israel están cada vez más llamando a una reevaluación de las relaciones con China, a pesar de las restricciones impuestas por los Estados Unidos. Esto presenta una oportunidad para adoptar un nuevo enfoque pragmático de política exterior, uno que promueva los intereses de Israel en China, en toda Asia y de manera más amplia entre los países del "Sur Global". Al mismo tiempo, podría ayudar a integrar a China en iniciativas destinadas a promover la estabilidad en Medio Oriente, incluida la futura rehabilitación de la Franja de Gaza. Todo esto es especialmente relevante hoy, en medio de la creciente crítica global a Israel, la renovación de las conversaciones nucleares con Irán y la impredecible política exterior del presidente de los Estados Unidos.
Desde una perspectiva geopolítica y estratégica amplia, ya está empezando a ser evidente que incluso un cambio parcial o limitado en la postura de China hacia Israel constituye una señal diplomática importante, que eventualmente podría conducir a un punto de inflexión estratégico significativo. Más allá de las ventajas inherentes de fortalecer los lazos bilaterales y ampliar el papel de Pekín como mediador entre adversarios regionales, una mayor implicación china podría ayudar a contener a Irán o, al menos, contrarrestar su influencia negativa, reduciendo así el riesgo de escalada de la seguridad regional.
Además, el reconocimiento de China podría mejorar el prestigio e imagen global de Israel, no solo como miembro del bloque Americano-Occidental y aliado cercano de Estados Unidos, sino también como un actor poderoso y legítimo en el escenario internacional. El fortalecimiento de los lazos entre los dos países podría llevar a la diversificación y expansión de inversiones y asociaciones en campos como la tecnología, innovación (IA), agricultura y salud. Esto impulsaría las exportaciones israelíes al vasto mercado chino y ayudaría a posicionar a Israel como una potencia regional. Además, unas relaciones más estrechas y un enfoque más equilibrado del conflicto israelí-palestino podrían influir en otros países del Sur Global y mejorar la imagen de Israel a sus ojos.
La real política de China
Desde una amplia perspectiva china, es evidente que el giro diplomático de China es un movimiento sofisticado y calculado, otro nivel en su estrategia geopolítica global. Más allá de expandir su influencia política y económica en el Medio Oriente, el fortalecimiento de los lazos con Israel se espera que ayude a China a posicionarse como una potencia global responsable, moderada y equilibrada, capaz de actuar como un mediador potencial en otros conflictos regionales e internacionales (como la disputa entre Hamas y la Autoridad Palestina, la lucha contra los hutíes y la guerra entre Rusia y Ucrania).
A través de esta iniciativa, China busca establecer su propia red de relaciones bilaterales y multilaterales que le otorgarán flexibilidad geopolítica, reducirán su dependencia de cualquier país en particular y mejorarán su estatus e imagen en el escenario internacional.
Aunque este cambio puede provocar oposición por parte de Irán y otros países musulmanes, así como críticas occidentales respecto a la alteración del equilibrio de poder regional, el éxito de la medida depende en gran medida de cómo China elija enmarcar su nueva política. Si Beijing enfatiza su postura pragmática y aclara que no busca crear un nuevo orden de seguridad regional ni reemplazar a Estados Unidos en la región, podría transformar profundamente el panorama de Medio Oriente, contribuyendo al equilibrio geopolítico regional y global.